miércoles, 19 de octubre de 2016

Crónica de un robo en familia!



De joven, a mediados de los años 80´s, entre mis pasiones estuvo la de tocar en grupos de rock. Estudié música y toqué el bajo y guitarra en varias bandas y me apasionaba la flauta transversal (la cual mi madre me regaló con grandes sacrificios). Mis sueños musicales terminaron abruptamente cuando uno de mis hermanos, aprovechando mi ausencia, robó mi equipo completo. Cuando supe quién fue el ratero, le comenté a mi hermano Humberto, quien sólo se limitó a maldecir por lo bajo.

El ratero ya no vive desde hace mucho con nosotros pero sus visitas son frecuentes y ya no nos dirigíamos la palabra por conflictos anteriores. Seguido tengo que soportar su asquerosa presencia cada vez que se presenta con su estúpida cara de inocente. Al sentirme excluido en mi propia casa (pues mis hermanos eligieron su bando), mi único escape es encerrarme en mi habitación ante la mirada indolente de mi madre y hermana, quienes, aunque hasta hace poco se enteraron que él fue quien me robó, siguen actuando como si nada!

Los robos no pararon allí, pues como este gay de closet tiene llaves del departamento, durante años se perdieron cosas de la casa en general y de mi habitación en particular como una cámara, DVD´s, CD´s, etc. Es por eso que la mantengo cerrada en mis ausencias.

Cada fiesta, cumpleaños o reuniones son motivo de frustración para mí por obvias razones y pido disculpas si mi comportamiento parece mala educación o grosería,  pero no me queda más remedio que dirigirme  directamente a mi habitación y encerrarme para evitar la molestia de permanecer cerca de él o de su innombrable familia. Incluso esa es la razón por la cual dejé de asistir a fiestas y reuniones familiares convirtiéndome así en un perfecto desconocido para los nuevos miembros de la creciente familia.

Reconozco que la culpa fue mía al no actuar en su debido momento; debí llamar a la policía o algo parecido pero nunca quise mortificar a mi madre; dejar que el tiempo pasara sólo terminó por afectarme a mí y mi relación con la familia entera. Sólo me queda advertirles a todos  que ese ratero y gay de clóset (literalmente) es, como ya se lo habrán imaginado, Erick,  ¡Maldito ratero!

Cuando quieran les contaré de las veces que se vestía de mujer y se iba con sus amigos del teatro a la Zona Rosa a media noche (¡es cierto!), pero eso merecerá nueva entrada.

Actualización (6-ago-2018)

A casi un año de seguir enfermo (ahora parece ser Polineuropatía inflamatoria aguda), estoy a merced de los caprichos familiares y las visitas de tan indeseable personaje continúan de una manera casi atroz pues viene cada vez que hay alguna reunión familiar o en su defecto cada quincena a pedirle dinero a mi madre.

He resuelto que tan pronto me recupere y consiga trabajo, lo primero que haré será conseguir un arma.