jueves, 1 de enero de 2015

Carta hallada en el bolsillo de un viajero muerto (Ensayo)

Mamá: quiero que entregues esta carta a las autoridades correspondientes para que quede muy en claro que fuí yo quién tomó la decisión de terminar con mi vida. Lamento profundamente el terrible espectáculo que seguramente tuviste que presenciar, pero creí que esta sería la manera menos desordenada en que podría yo terminar con esto si hacer tanto desastre. Antes que nada, no quiero que te sientas culpable. Siempre hiciste lo mejor que pudiste para guiarme por el buen camino, pero desde la vez que solté tu mano, hace ya muchos ayeres, decidí recorrer el mío propio, con las consecuencias que todos vimos.
 Hay, sin embargo, personas a las que en definitiva culpo por los hechos que me llevaron a tomar mi decisión final: 
K, la pérfida, mentirosa, hipócrita, chismosa, traidora, gorda y estúpida hermana que otrora fuera mi mejor amiga, pero que antepuso sus vanales e infantiles deseos a la paz familiar; tomó la egoista y finalmente desgraciada decisión de imponer forzosamente la presencia de personas ajenas y (porqué no?) familiares indeseables. Todo en aras de “unir a la familia”, sin importarle a quién hacía desgraciado con esa decisión. 
Así mismo culpo al idiota de su hijo A, a quien siempre llamé a sus espaldas: “el pendejete”, por las mismas razones arriba mencionadas. Este par siempre quiso creer que mis rencillas con el imbécil y gay de clóset E no eran graves y se empeñaron en invitarlo a la casa tan seguido como quisieron, cuando él ya no tenía ningún motivo para presentarse en ella ya que él se fue por su propio pié. Cuando éste personaje llegaba a la casa, yo prefería confinarme en mi habitación con la esperanza de poder salir cuando dicho y nefasto personaje se marchara y así poder reanudar mi vida diaria. Tonto de mí. 
 Las visitas continuaban y se prolongaban indefinidamente sin que alguien, ya sea mi madre o H, mi otro hermano, fueran a ofrecerme siquiera un mendrugo de pan o un vaso de agua... las esperas eran eternas. Sólo yo sé de las interminables horas que pasé encerrado sin agua, pan ni baño. Y mientras duraban las eternas visitas de este indeseable huésped y huestes que lo acompañaban ( si, produjo prole!) todos se divertían. Al compás de las canciones religiosas que su horrorosa concubina y sus engendros vomitaban, yo me revolcaba de hambre y sed en mi calabozo. 
Fiestas, cumpleaños y festividades de diferentes clases me fueron arrebatadas. Horas de angustia, hambre, y soledad fueron las causas de que mi odio y rencor crecieran a tal punto que yo llegara en varias ocasiones a desear en deshacerme de todos ellos: envenenarlos, balearlos, masacrarlos. Caray! Qué solaz me proporcionaban esas fantasías, pero nunca las consideré ni prácticas ni realizables, amén de que nunca podría hacerle daño a mi madre. 
A estas alturas aparece tardíamente otro culpable, no de acción, sino de indolencia: H, el autonombrado patriarca de la casa, envidioso y altanero con enormes lagunas en su razonamiento, pero que por momentos es amable, dicharachero y alegre. Él me dijo una vez, no hace mucho: Oye chato, yo me preocupo por tí y tu salud pues te la pasas encerrado, fumando y viendo tele! Ahora puedo responderte: Te preocupas por mí en dicho, pero en acción, te vale madres que me la pase días encerrado sin que sepas si ya comí, si tengo agua, si sufro de ansiedad, depresión o angustia! Nunca te das cuenta o pareces ignorar el sufrimiento espiritual y físico que me provocan las visitas interminables de personas non gratas. No viste. No quisiste ver. Y tomaste partido por lo fácil: amor familiar, disney, reynas del pop... 
Sufro! Tengo hambre! Tengo sed! El encierro me provoca angustias más allá de lo innombrable y tú sólo te limitas, en tu papel de jefe de la casa, a criticarme infantilmente por tonterías que seguro recuerdas! Sin trabajo y sin dinero. Repudiado por mi propia familia, no me queda de otra más que quitarme de su camino para que vivan sus vidas sin culpas ni preocupaciones. Me alivia perversamente saber que siempre escupí en toda la comida que ustedes, zánganos, consumían. 

Mamá: te quiero más que a nadie en este mundo. Hiciste lo que pudiste pero, caray!... a veces los hijos salimos mal. 
H: Lo siento Chato, deveras me duele tu estrechez de visión y que te decantaras por el “me vale lo que te pase”. 
A los otros 3 innombrables: los desprecio con todas mis fuerzas, y ay de aquel que se atreva a decir una oración en mi nombre! No son dignos de mencionar el mío. Los maldeciré por siempre! 
A todos mis amigos: los quise mucho, incluso a aquellos que comenzaba a conocer. Por favor recuérdenme; yo lo haría si pudiera. 
A las mujeres que amé: Les agradezco profundamente que me hayan susurrado los secretos de sus corazones y sus cuerpos. Siempre supieron que fuí honesto con ustedes, y lo seré una última vez más: A todas las amé, pero solamente hubo una a la que le prometí mi corazón desde el primer día en que la conocí. R, sabes quien eres. Te amo. Adiós.

martes, 7 de octubre de 2014

De vez en cuando

...sólo de vez en cuando me asaltaban las dudas y permitía que el miedo se me echara encima como una ola incontenible. La perdería y me vería privado de ella para siempre. Estaba empapado de sus sabores, sus olores, sus sonidos y sus texturas y, sin embargo, llegaría el día en que todas esas cosas me serían arrebatadas y me quedaría solo para siempre y sumido en la mayor de las tristezas. Pero ¿qué diablos podía yo hacer? ¿irme? Imposible. Ella es mi socorro y mi fuente de vida, y lo único que podía hacer era aferrarme a ella hasta que pordiera las fuerzas y me quedara flotando en el vasto y oscuro océano.

miércoles, 2 de abril de 2014

Veo, Vuelo y escucho

Hay veces que ese agónico estado llamado sueño se mezcla con el inevitable despertar. A este delirio se le llama duermevela, en el que es posible tomar de las riendas y redirigir esos sueños que otrora fueron placenteros, otrora agonizantes y conducirlos a lugares insospechados. Baste un trago de licor en ese preciso instante y ante mis ojos cerrados veo, vuelo, y escucho secretos jamás confesados: admiro la radiante belleza de tus senos desnudos mientras me ofreces tus angelicales gozos carnales; de oidas escucho terribles secretos compartidos por personajes ilustres de la ciencia y la historia; y escucho los maravillosos e inexplicables acordes de orquestas formadas por músicos muertos. Veo, vuelo y escucho. De repente paseo entre ruinas contemporáneas y entre figuras que cambian de forma, color e idioma, las ideas fluyen por mi confusa mente, y mientras más entiendo acerca de la vida, menos entiendo mis intensiones. Son esos momentos en que el significado de la vida se me ofrece fuera del filtro de la percepción y lo disfruto. Estos delirios placenteros hacen que todos los conceptos disímbolos que he aprendido, se unan en uno solo dándome la certeza que lo entiendo todo!. Al final descubro que, como un bebé, no entiendo nada y todas son palabras cuyo significado no entiendo: amor, odio, celos, angustia, desprecio, deseo, pasión, amistad, desesperación, soledad. Pero qué puedo decir sino: Veo, vuelo y escucho.

viernes, 15 de noviembre de 2013

La única constante es el cambio

Hace mucho que no actualizaba este triste blog pues no había pasado nada digno de contar... hasta ahora. Relaté que había entrado a trabajar a la oficina de la sensacional Susana Harp y ahora, poco más de un año de trabajo duro y grandes satisfacciones, tengo que decirle adiós. Factores poco favorables hicieron que mi labor con ella terminase inminentemente. Aunque la perspectiva de que quedar desempleado (otra vez) me aterra y me llena de incertidumbre, confío en encontrar algo pronto, pues días atrás comencé a llevar mi CV a varios lugares con la esperanza de poder colocarme. Sé que cuento con la recomendación de tan entrañable dama y señora, pero la temporada es difícil y seguramente encontraré algo empezando el 2014. La verdad no es tan malo, pues unas vacaciones no me caerían nada mal. Podré correr otra vez y bajar eso kilitos de más (:); sólo espero que mis magros ahorros puedan durar hasta que encuentre algo, ya que los gastos no se detienen. Lo bueno es que la navidad y los gastos que ella conlleva me son ajenos. Confío que mi experiencia sea de interés para las empresas a las que entregué mi CV. Veremos que pasa.